Programa PODEMOS

Modelo comunitario de atención a la Salud mental en la Sanidad Pública

Trabajaremos por una Salud mental integrada en un modelo de Sanidad Pública que favorezca la autonomía de los y las pacientes, a través de una buena atención, con servicios basados en criterios técnicos, no ideologizados, garantizando la continuidad asistencial, con tratamientos cercanos a la vida diaria, disminuyendo la hospitalización. La lucha contra la estigmatización debe abordarse desde diferentes perspectivas con acciones impulsadas por las instituciones y por la sociedad en su conjunto, integrando a las personas afectadas y sus familiares.

Los dispositivos de atención en el modelo comunitario han de reorientarse, desarrollando el espacio socio-sanitario y la implicación de instituciones, profesionales y la ciudadanía ante la enfermedad y las personas enfermas.

Es necesario el desarrollo efectivo de los derechos humanos para las personas diagnosticadas de problemas de salud mental. Desarrollo de todas las políticas antiestigma para los pacientes y sus familias. Respeto a su libertad, a su propia lengua, a su cultura, a su etnia, a su autonomía y a su identidad en los procesos de internamiento, de tratamiento y de rehabilitación psico-social.

Desarrollaremos Políticas de Salud mental integradas que atiendan a las necesidades reales de la población. Proponemos:

Políticas de Salud Mental que contemplen las prioridades de cada territorio según las necesidades sociales, con financiación suficiente y coordinación con otras áreas, especialmente los servicios sociales, educación, el empleo y vivienda.

Políticas orientadas a la reforma psiquiátrica recuperando planteamientos sociales, frente a los centrados en el hospital, los fármacos y el exceso de pruebas exploratorias. Que den satisfacción a pacientes y familiares en las áreas asistenciales, así como entre profesionales, y donde la Atención Primaria ha de tener un papel fundamental.

Políticas que contemplen estratégicamente la promoción de la salud mental, la prevención de las enfermedades mentales, la integración en el entorno social de pacientes y discapacitados psíquicos y el desarrollo de sistemas de información e investigación y evaluación que mejoren los indicadores de salud mental.

Lucharemos por un Plan de Salud Mental con financiación específica. Los presupuestos asignados a la Salud Mental son escasos ya que no es una prioridad en la agenda política a diferencia de otras áreas concretas como lo fueron las drogodependencias en su momento, o el gasto farmacéutico que sí ha despertado el interés político.

Proponemos:

Añadir áreas y grupos de población insuficientemente atendidos a pesar de ser especialmente vulnerables: niños, adolescentes, población anciana, personas con retraso mental y trastorno mental grave, población reclusa y otros sectores excluidos. Evitar el olvido crónico sobre la salud mental.

Apostar por una mayor inversión gubernamental para un desarrollo suficiente y adecuado de los servicios ante las nuevas demandas, sobre todo en la rehabilitación, la investigación independiente, una formación de calidad y la evaluación de los programas asistenciales.

Contratación de profesionales de Salud mental adecuados a las necesidades sociales. La falta de profesionales de la Salud Mental ha estado en el debate en los últimos años. La cantidad está en función de las necesidades de salud de la población y de la práctica profesional que queremos y podemos alcanzar. Son un gran activo de un Servicio de Salud Mental, interesa su número, su motivación, su formación y su competencia. Según el Observatorio de Salud Mental/AEN, Euskadi cuenta con la mayor tasa de profesionales de la Salud Mental de las diferentes CC.AA., pero ya en 2011, se necesitaban 48 psicólogos/as más en los Centros de Salud Mental de adultos del País Vasco, a los que habría que añadir los precisos para la adecuada atención infanto-juvenil, el Tercer sector y los psicólogos y psicólogas necesitados en los Centros de Atención Primaria, hoy inexistentes.

Euskadi es notoriamente deficitaria comparada con países europeos del mismo nivel de desarrollo económico, en profesionales de Enfermería, Psicología y de Trabajo social, e incluso de Educadores/as sociales integradas en el Tercer Sector.