Programa PODEMOS

Desmedicalización de la sociedad

Queremos evitar esa “medicalización” a través de la cual problemas no médicos, como emociones, comportamientos o conductas, o situaciones de la vida cotidiana, como la timidez, calvicie, menopausia,… se convierten en categorías diagnósticas y se tratan como un problema médico o psicológico, sin serlo. Esta situación es favorecida por el apoyo de la industria farmacéutica que lleva a un consumo innecesario de fármacos y tecnologías para solucionar situaciones habituales de la vida diaria.

Se está dando un cambio cultural que tiene como objetivo el convertir la salud en un negocio. Se transforma la salud en un producto como otros en el imaginario colectivo: un asunto privado sujeto a las leyes de mercado y vulnerable a las estrategias de marketing. Aumenta el número de personas que se definen como enfermas y deben ser tratadas. Se lleva a la población y profesionales sanitarios al convencimiento de que el riesgo cero de enfermedad y la prevención de todo es posible, y se consigue a base de chequeos y cribados. Se manipula la investigación y las publicaciones científicas. Se ocultan datos sobre eficacia o seguridad de medicamentos que podrían comprometer el negocio, aún con riesgo para la salud de las personas. Se compra a profesionales sanitarios con diversos incentivos para que colaboren para sus fines y se medicaliza la vida cotidiana, consiguiendo que nunca nos sintamos bien y siempre nos percibamos en riesgo de enfermar. Planteamos las siguientes propuestas:

Una mayor educación para la salud, que permita a las personas ser autónomas en la resolución de la mayoría de los problemas de su vida, ser críticas ante las campañas medicalizadoras y encontrar respuesta a las situaciones y malestares de la vida diaria fuera del sistema sanitario.

Realizar pedagogía y fomentar la idea de la medicina como una ciencia con límites éticos y técnicos, en la que cada prueba, tratamiento o intervención va acompañada de un riesgo. Los equipos de atención primaria comunitaria tendrán un rol pedagógico importante con respecto a la población a la que atienden. Impulsaremos las actividades comunitarias en todos los Centros de Salud.

Dotar a los y las profesionales de la salud de los medios necesarios (tiempo adecuado, respaldo público, menor número de pacientes) para establecer una relación terapéutica con sus pacientes que favorezca su participación en la toma de decisiones que afectan a su salud, priorizando los recursos no farmacológicos.

Potenciar estructuras organizativas que fomenten la autonomía de los y las pacientes. Establecer políticas y programas de envejecimiento activo.

Valorar la des-poli-medicación de las y los pacientes frágiles, de edad más avanzada y con enfermedades crónicas.

Por otro lado, y con respecto a la participación del personal sanitario en estas estrategias desmedicalizadoras de la vida cotidiana, proponemos:

Evitar las visitas de representantes de la industria farmacéutica, alimentaria y/o de tecnología médica en el horario de trabajo de los y las profesionales en los centros públicos.

Eliminar las sesiones, charlas o Talleres patrocinados por la industria. Declaración obligatoria de conflicto de intereses en aquellos/as profesionales que realicen formación en Centros públicos.

Declaración obligatoria de conflicto de intereses en aquellos/as profesionales que tengan a su cargo la selección de materiales o fármacos que se usen en la red sanitaria pública.

Elaborar una Guía Farmacológica de “primera elección” y fomentar su uso entre profesionales que prescriben, homogeneizando tratamientos farmacológicos en base a la evidencia clínica y al uso racional de los medicamentos.