Programa PODEMOS

Eje VII: Un nuevo modelo económico que cree oportunidades y sea sostenible

Euskadi tiene una especificidad dada por el esfuerzo de sus gentes, las que levantaron las cooperativas, las que vinieron de otras partes del Estado a trabajar en duras condiciones en la industria, la de las luchas obreras que arrancaron con sudor conquistas sociales, la de todas aquellas personas que levantan cada día la persiana de su pequeño comercio o empresa. La de los autónomos y el emprendimiento. Es este rico tejido social y productivo el que ha posibilitado que la sociedad vasca haya capeado la crisis mejor que otros territorios. No obstante, han sido y siguen siéndolo, años en los que hemos visto cómo cierran proyectos que eran parte del imaginario de nuestro pueblo. También surgen otros nuevos sobre la base de nuevos enfoques como el de la economía social y solidaria, en nichos como el del empleo verde o los cuidados. Estos sí son verdaderos brotes verdes que nos interpelan sobre la necesidad de un nuevo modelo productivo que sea sostenible social y medioambientalmente, que ponga en el centro las necesidades de las personas y el bien común. Un nuevo modelo productivo capaz de hacer frente a tasas de pobreza y desigualdad social crecientes, de desempleo, precariedad, temporalidad y parcialidad laboral involuntaria que de ningún modo pueden ser asumidas como naturales.

En todo caso, se trata de elementos negativos que ante la ausencia de una actuación pública en sentido contrario tienen la intención de permanecer y profundizarse. Por eso en el pacto social al que aspiramos a llegar entendemos que es necesario que se incluya un acuerdo en relación con el modelo económico y productivo que permita la prosperidad de nuestra sociedad. En este sentido las diferentes consecuencias que a nivel social y medioambiental están teniendo las transformaciones de nuestra economía, nos obligan a pensar en el futuro en clave de la sostenibilidad. De cómo hacer que el desarrollo económico sea compatible con el bienestar social, unas condiciones laborales dignas, con la preservación del medio ambiente y mitigando el cambio climático.

Un nuevo modelo productivo que apueste por generar un mix de actividades económicas que permitan crear oportunidades, apostando para ello por sectores de alto valor añadido, por el conocimiento, la inversión y la innovación, la industria, las energías renovables o el apoyo al tejido económico de personas autónomas, emprendedoras y pequeño comercio clave para dar vida y mantener la funcionalidad social y urbana de nuestros barrios, pueblos y ciudades.

Asimismo, en los últimos años, no sólo en el ámbito social o académico, también en otras institucionalidades diferentes a la propia, la conocida como Economía Social y Solidaria ha cobrado gran relevancia. Hace referencia a aquellas entidades que producen bienes y servicios dentro o fuera del mercado en los que la toma de decisión o reparto de beneficios no se realizan bajo una separación estricta de los factores capital y trabajo. Dentro de esta definición caben, por citar algunas, las entidades del tercer sector o las cooperativas.Además, en muchos casos han demostrado ser verdaderos referentes en la innovación y el desarrollo tecnológico. En muchos casos, también apuestan por la sostenibilidad medioambiental y al mismo tiempo por mejorar la cohesión de nuestra sociedad cubriendo necesidades básicas y generando empleo local, con derechos y de calidad.

Otro de los elementos claves del modelo económico es el relativo al sistema financiero que en los últimos años ha vivido procesos de concentración como el de las Cajas de Ahorro a través de la imposición de un modelo jurídico y comercial más que discutible. Frente a este, en el que ha habido lamentables intereses partidistas y privatizadores, debemos tratar de impulsar otro modelo de banca, concretamente la pública y la ética. Se trata de un sector estratégico para la economía y la sociedad en su conjunto. Un sector cuya mala gestión, esto es, la que se centra exclusivamente en los beneficios y no en el interés general o el bien común, puede acarrear graves consecuencias. Así es necesario explorar todas las posibilidades al alcance de las instituciones vascas para impulsar un sector financiero vasco en estas claves señaladas.

De forma reiterada a lo largo de este documento hemos hablado de aspectos generacionales para explicar la necesidad de un nuevo pacto social. En esta misma línea, pero desde una perspectiva intergeneracional, de solidaridad con las siguientes generaciones de vascos y vascas que están por compartir nuestro territorio, es preciso que hagamos frente a la realidad del cambio climático, constatada en la Conferencia sobre el clima de París, y que exige que el modelo productivo vasco enfrente esta cuestión a través de una transición energética que implica: la apuesta por fuentes de energía limpias y renovables y la inversión en innovación, eficiencia y ahorro energético. Este proceso lejos de ser un obstáculo en la salida de la actual crisis económica puede ser una gran oportunidad para, por un lado, resolver problemas estructurales como la dependencia energética exterior o la mejora de la competitividad y, por otro lado, la creación de empleo de calidad.

Esta transición energética, que pasa por la descarbonización de la economía, es uno de los elementos más importantes en la lucha contra el cambio climático pero no la única. Es fundamental destacar la necesidad de diseñar políticas públicas que incidan realmente en fomentar la movilidad sostenible tanto de personas como de mercancías.

Por último, y en esta misma clave de solidaridad intergeneracional hay que señalar que la actividad económica se enfrenta a dar respuesta a la limitación de recursos naturales y, por lo tanto, a poner en el centro de la misma las necesidades de la población y el bien común. Esta consideración está íntimamente relacionada con el respeto a la biodiversidad. No es sostenible un modelo productivo que destruye nuestro patrimonio natural, esquilma los recursos y compromete a las futuras generaciones.