Programa PODEMOS

Eje I: Voluntad inequívoca de convivir y respeto a los derechos humanos

En todos los estudios sociológicos que se vienen realizando sobre la sociedad vasca desde hace años, hay una constante: la sobresaliente pluralidad de identidades nacionales y de opciones políticas presentes en ella. Desde quienes se sienten únicamente con una identidad española o vasca a quienes se identifican en ambas en diferentes grados. Más aún, en un contexto histórico en el que las identidades adquieren características líquidas, esta pluralidad es dinámica y móvil, existe un trasvase natural, espontáneo y probablemente creciente entre esas diferentes identidades. Y esto, lejos de ser un problema añadido a una realidad compleja de gestionar, es probablemente una característica con gran potencial y transformadora en sí misma. Es especialmente en este contexto de cambio cultural y de fin del ciclo de la violencia, en el que las identidades o sentimientos nacionales no tienen por qué prejuzgar soluciones políticas territoriales.

En el marco de la violencia de motivación política que ha sacudido nuestra sociedad durante décadas, subyacía un conflicto ético respecto a la legitimidad del empleo de la violencia, pero también un enconado conflicto identitario. O mejor dicho un conflicto por el no reconocimiento de esta pluralidad social y de la cuidadosa gestión que exige. En este momento, en el que estamos cerrando el ciclo de la violencia, es imprescindible que los nuevos pactos sociales incorporen un elemento de fondo como es una voluntad inequívoca de convivir entre diferentes e iguales, por parte de todos los proyectos políticos.

En este sentido, la afirmación sincera de que aquí no sobra nadie, parece que lleva inexorablemente a aceptar que las soluciones que se adopten en relación al estatus territorial de Euskadi no serán en principio las más extremas. No obstante, esos proyectos políticos, particularmente el independentista, son igualmente legítimos siempre que se asienten en el respeto total a los derechos humanos. De este modo, alcanzamos otra de las máximas, la necesidad de que nuestros pactos de convivencia sean acordes a los más altos y exigentes estándares de respeto a los derechos humanos.

Este eje, al igual que el resto, pero este lo hace muy en particular, responde a la necesidad de abordar este proceso de pacto y acuerdo desde la evaluación de los aciertos y errores de nuestro pasado. Máxime ahora que el fracaso del uso de la violencia con fines políticos juega un papel fundamental para abordar en condiciones de normalidad democrática estas cuestiones. En todo caso, es necesario señalar que la referencia a los derechos humanos es en relación con los derechos civiles y políticos, como puede ser el respeto a la integridad física o moral de todas las personas, pero también se hace en relación con los derechos económicos, sociales y culturales, o con los de tercera generación vinculados a la solidaridad. Estos otros se desarrollan, de hecho, en ejes específicos como son los referentes al blindaje de los derechos sociales o al compromiso con nuestro patrimonio cultural propio en referencia al euskera.