Una nueva política industrial para un futuro mejor

16 septiembre, 2016

El 25S está en juego poner en marcha un nuevo proyecto de país que ilusione a la ciudadanía vasca o seguir instalados en la gris indefinición en que estamos inmersos desde hace treinta años.

En ese nuevo proyecto una de las cuestiones claves será cómo abordar la transformación de la economía vasca hacia actividades más modernas, sostenibles y con mayor valor añadido.

En materia industrial esta transformación tiene más importancia si cabe que en otros sectores, debido a la inexplicable falta de liderazgo del Gobierno Vasco -tanto del PNV como del PSE- en esta materia desde el inicio de la crisis, lo que les ha llevado a mantener una política industrial desfasada e incoherente, y a improvisar respuestas inconexas a dificultades puntuales de algunas empresas emblemáticas, a pesar de que se trate de problemas que en realidad aquejan a todo el tejido industrial vasco.

En el ámbito empresarial treinta años son una eternidad. Los planteamientos que valían para la crisis industrial de los años noventa ya no son útiles para la crisis actual. Entonces se trataba de una crisis regional, ahora es una crisis global. Entonces la crisis había sido provocada por conflictos geopolíticos; la actual además lleva aparejada una profunda crisis financiera, social, política, energética y ecológica. Parece evidente que las soluciones de ayer ya no sirven para hoy.

Por eso desde Elkarrekin Podemos planteamos una política industrial que no pierda de vista el enfoque multidisciplinar de la crisis actual. Sin dicho enfoque, cualquier solución será parcial y provisional, cuando la industria vasca precisamente lo que necesita son escenarios estables y coherentes.

Hoy en día uno de los principales interrogantes de la industria vasca es la cuestión del precio de la energía. Las políticas desarrolladas en la última década por el PP contra el sector de las energías renovables nos han dejado unos precios de la electricidad que penalizan gravemente a sectores industriales como el acero. El empeño del PNV de encontrar a toda costa fuentes autóctonas de energía fósil (ya sea gas de fracking o petróleo en el Cantábrico), nos han hecho perder un tiempo precioso respecto a países como Alemania, donde enseguida entendieron que el futuro de la industria para por ser más eficiente en el uso de la energía, y por disponer de un sistema energético limpio, renovable y descentralizado, que asegure un suministro estable a precios razonables.

En segundo lugar cabe citar la política fiscal y financiera. Euskadi tiene un tejido financiero público (encabezado por Kutxabank) que no da respuesta suficiente a las necesidades de financiación del tejido empresarial. Paradójicamente el capital extranjero tiene facilidades para adquirir empresas vascas viables, eludir el pago de impuestos en territorio vasco y, finalmente, deslocalizar la producción y los centros de decisión, ante la indiferencia del propio Gobierno Vasco. Por lo tanto urge reorientar el Impuesto de Sociedades y crear una policía tributaria que actuén a favor del tejido empresarial y emprendedor radicado en Euskadi, para hacer frente al daño que la libre circulación de capitales ocasiona a nuestras cooperativas y pequeñas y medianas empresas.

No menos importante es reactivar el diálogo social para que los agentes empresariales y sindicales consensúen cuestiones cruciales como las políticas de I+D, la formación profesional continua, la gestión del conocimiento, la lucha contra la siniestralidad laboral, el reparto del empleo, la conciliación laboral y privada, los modelos de cogestión empresarial o la implantación de la industria 4.0. Eso sí, en el ámbito laboral las iniciativas unilaterales están destinadas al fracaso. Y, de igual manera, no cabe que los distintos agentes actúen bajo la premisa de que “cuanto peor, mejor”. Se impone la necesidad de pactar de igual a igual y la generosidad mutua, soslayando la desigual correlación de fuerzas que nos ha dejado la crisis económica.

Jose Ramón Becerra
Candidato por Araba